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martes, 21 de junio de 2016

A mi Hijo le cuesta leer ¿tiene Dislexia?


A mi Hijo le cuesta leer ¿tiene Dislexia?



Una vez nuestros hijos inician el ciclo de Primaria en las escuelas comienzan nuevos retos en el aprendizaje. Progresivamente la lectura y la escritura adquieren gran importancia como elementos vehiculares de los diferentes aprendizajes. Un niño/a que presente dificultades o cierto retraso en estas áreas puede empezar a desmotivarse en clase e incluso distraerse, molestar a los compañeros, etc. Por tanto, es muy importante detectar posibles dificultades a tiempo para evitar futuros problemas.


POSIBLES CAUSAS DE LOS PROBLEMAS DE LECTURA.

Las causas de las dificultades o retraso en la lectura pueden ser varios. Desde un cierto retardo madurativo en las áreas neurológicas que regulan su aprendizaje a problemas visuales, bajo nivel cognitivo, también factores del entorno como baja o escasa estimulación temprana, factores afectivo-emocionales (abandono, maltrato, etc.). Puede también que el origen del problema se sitúe al coincidir varios de los factores señalados.
En la edad de 5 o 6 años la mayoría de niños se inicia en la lectura. Muchos de ellos por las razones que ya hemos expuesto puede que les cueste más que a otros compañeros. Señalar que hay niños con un determinado temperamento caracterizado por la hiperactividad, distracción y cierta impulsividad que también suelen tener problemas a la hora tanto de leer como de escribir, si bien, poco a poco, pueden ir normalizando su aprendizaje con las ayudas pertinentes. 


EMPEZAR ESTIMULAR LA LECTURA EN NIÑOS PEQUEÑOS.

A partir de los 3 años podemos introducir diferentes juegos y actividades con las vocales y posteriormente las consonantes. Es muy recomendable utilizar una pizarra con letras y números magnéticos para que los niños se familiaricen con ellos y jueguen. No se trata de que aprendan ya a leer (cosa que no corresponde a esta edad) sino que empecemos a estimular su curiosidad. Si empezamos a trabajar con una vocal en concreto debemos acompañarla con imágenes de objetos u otros que sean conocidos por el niño y empiecen por esa vocal. 

A estas edades también podemos empezar a estimular los procesos de coordinación visomotriz para ir preparando al niño a dibujar y a escribir más adelante. Al respecto podemos por ejemplo utilizar una tablet con actividades de dibujo libre con el dedo sobre la pantalla o de seguir puntos. Más adelante se pueden introducir diferentes tipos de laberinto donde debemos hacer un recorrido con una pelota. 
Tenga en cuenta que:
Pese a que hay muchas aplicaciones android para tablets y juegos de estimulación cognitiva por ordenador que pueden ser útiles, aconsejamos simultanear el uso de estas nuevas tecnologías con juegos más clásicos y actividades manuales. De lo que se trata es que el niño sea capaz también de aprender y jugar a través de diferentes medios y no tan sólo desde las pantallas. Los niños que se acostumbran a jugar largos tiempos con estas tecnologías pueden presentan posteriormente problemas de atención o concentración en la clase.

¿CUANDO DEBEMOS EMPEZAR A PREOCUPARNOS?

Debemos primero tener en cuanta la edad del niño. Un niño con menos de 6 años puede de forma natural tener ciertas dificultades en el inicio de la lectura. No obstante, en algunos de ellos puede que se presenten los primeros síntomas de lo que después denominamos Dislexia.
Si el niño o niña presenta algunos de los síntomas que exponemos a continuación debería ser evaluado por un profesional de la psicología o psicopedagogía especialmente si va acompañado de baja autoestima y pocas ganas de ir al colegio.


SÍNTOMAS QUE DEBEN PONERNOS EN ALERTA:



  • Siempre le ha costado leer aunque es muy inteligente.
  • Cuando lee va muy lento y no respeta los puntos de acentuación.
  • Cambia con frecuencia algunas palabras en la lectura del texto.
  • En los artículos, pronombres o conectores cambia el orden de las letras. Por ejemplo "el" por "le" o "al" por "la".
  • Con frecuencia al leer en voz alta arrastra el sonido de una sílaba mientras trata de identificar el siguiente o vuelve al inicio de la palabra para tratar de pronunciarla toda de una vez para que se entienda.
  • Lee relativamente bien en voz alta pero hay escasa o nula comprensión de lo leído.
  • Le cuesta ponerse a hacer los deberes especialmente los relacionados con las lenguas (lectura, escritura, etc.)
  • No le gusta leer. Sólo le atraen los libros con muchas imágenes.
  • En niños a partir de los 8 o 9 años puede aparecer cierto rechazo hacia la escuela y baja autoestima debido a que se ven menos competentes que sus compañeros aún sin saber bien lo que les pasa
  • Peores notas en las asignaturas de lengua y matemáticas si hay enunciados de problemas muy largos. Mejores notas en exámenes tipo test que en los de desarrollo.
  •  No les suelen gustar y tienen mucha dificultad en los dictados y redacciones.

 Es muy importante si detectas en tu hijo más de 3 signos, llévalo  a un especialista Psicólogo infantil para que lo evalúen y puedan diagnosticar bien y sacarte de dudas. No dejes que el tiempo pase acuérdate que el tiempo no se detiene y casa segundo cuenta para el tratamiento de tu hijo y poder corregir su dificultad.


Espero este tema sea de mucha ayuda para ti, en el desarrollo de tu hijo o hija. cualquier duda te la podemos aclarar dejando un comentario. 

Gracias y Bendiciones


lunes, 6 de junio de 2016

Estrategias para manejar las rabietas de tu hijo.

Estrategias para manejar sus rabietas



Montan una pataleta por cualquier cosa. Desesperan a los padres, que no saben cómo atajarlas. Aquí descubrirás el decálogo de oro para saber cómo reaccionar ante las rabietas de tu hijo.

A los dos años los niños descubren el poder de las rabietas. Han comprobado que esa actitud saca de sus casillas a los mayores y están probando su eficacia. Es decir, son un medio para conseguir un fin.En esos momentos solo piensan en la rabia que tienen. Incluso pueden olvidarse el motivo por el que se inició su enfado. Pero si algo está claro a esta edad es que, aunque no sepan muy bien lo que quieren, seguramente será lo contrario de lo que tienen.

¿Cuándo desaparecerán las rabietas?

Es una etapa pasajera. Con el tiempo, las rabietas se irán mitigando y espaciando cada vez más.
Lo más sorprendente de las rabietas no es la frecuencia (en ocasiones, diaria) o lo pronto que aparecen (a veces, antes de que el niño empiece a hablar). Lo más llamativo es el ímpetu que los pequeños ponen en ellas. Todavía no controlan sus emociones, y tampoco conocen aún la inhibición, así que se emberrinchan a lo grande. Por eso, es bueno que aunque las rabietas no desaparezcan, al menos se reduzcan en intensidad.
A esta edad aún no toleran la frustración y les resulta complicado comprender que no pueden tener siempre lo que quieren. Si además tampoco son capaces de verbalizar lo que desean, el resultado es la fórmula ideal para que tenga lugar la rabieta. Por eso, que estas reacciones desaparezcan no depende solo de que consigan lo que quieren o no. Disminuirán cuando vean que no tienen efectos sobre sus padres, y sobre todo cuando puedan tolerar la frustración y expresar con palabras lo que hasta ahora solo pueden manifestar con pataletas.

¿Qué pueden hacer los padres hasta entonces?





11.  Mantenerse firmes
Claro que resulta mucho más fácil decirlo que hacerlo, pero según los psicólogos, es la estrategia más infalible. Para empezar, porque ayuda a dejarle claro que su rabieta no le llevará a conseguir lo que quiere. Pero es fundamental que el propio padre se crea que controla la situación. Puede que durante un tiempo el niño siga poniéndolas en práctica, pero en la mayoría de los casos se dará cuenta de que la fórmula no le funciona y acabará por dejarla.

2. Explicaciones cortas
Si se intenta explicar a un niño inmerso en un verdadero ataque de enfado por qué es injusta su reacción, lo más probable es que él siga tirado en el suelo llorando y pataleando sin cesar.
La razón es que en esos momentos lo único que escucha es su propio llanto, por lo que es difícil hacernos entender en esas circunstancias. Frases como «no hay caramelos porque acabas de comer» o «si no duermes, mañana estarás cansado para jugar» dichas cuando se va a iniciar la rabieta pueden servir para evitar su enfado. El pequeño las entenderá sin problemas y si aún no está lo suficientemente alterado, pueden disuadirle.

3. No responder con enfado
Responder con una rabieta es una forma de fomentarlas: les estaremos dando la mejor de las excusas para iniciar un pequeño número de enfado en cualquier momento, ya que para los niños sus padres son sus modelos de referencia y les encanta imita todo lo que hacemos. También es importante no permanecer enfadados con él eternamente. Pasados unos minutos, ya no sabrá por qué papá y mamá fruncen el ceño. Su pataleta ya pasó, y tal vez ni siquiera se acuerda de ella.

4. No prestarse al juego
La mejor forma de luchar contra las rabietas es procurar que no aparezcan. Y para ello conviene anticiparse a posibles problemas. Por ejemplo: uno de los lugares donde suelen darse más rabietas es el supermercado, así que hay que ir prevenidos. Es bueno dejar todo claro antes de entrar: avanzarle que solo se va a comprar leche, pan y huevos, y nada más. Después, una vez dentro, podemos dejar que él participe en la compra cogiendo las cosas que se van a comprar (las más pequeñas, claro) y metiéndolas en la cesta. De esa forma estará distraído y se sentirá útil, lo que evitará otras tentaciones.

5. Elegir entre dos opciones
La mayoría de las veces su enfado vendrá ocasionado por querer algo que no puede tener. De ahí que ayude mucho a evitarlo el dejarle elegir solo entre dos opciones. Si se le pregunta «¿qué quieres de postre?», el abanico de opciones que se abre ante el pequeño es infinito, y no siempre al gusto de los adultos. Sin embargo, si se le da elegir únicamente entre dos opciones, ambas válidas, es más que probable que todo siga en calma. Preguntando «¿quieres un plátano o prefieres un yogur?», se le cierran las opciones posibles sin que él se dé cuenta. Y no tendremos que decirle «no».

6. Intentar que escuche
Una vez que la rabieta ya ha comenzado, el pequeño parece fuera de sí. Para calmarlo y hacerle entender que no puede ser, solo hay una opción: intentar conseguir que salga de ese estado y hacer que nos escuche. Para ello, papá o mamá pueden arrodillarse frente a él, cogerlo por los hombros con firmeza y mirarlo hasta que él fije sus ojos en los del adulto. Entonces será el momento de hablarle con calma.

7. En vez de un no, dos síes
Muchas veces las rabietas son muestras de rebeldía. Por eso es frecuente que cada vez que se le diga que no haga algo, él intente hacerlo. Pero si tras un «no» vienen dos «síes», la cosa cambia. Se le está prohibiendo una cosa, pero permitiendo otras dos. Así, si después de decirle que no puede pintar en la pared se le explica que sí puede pintar en la cartulina o jugar en el parque, es posible que su rebeldía se aplaque.

8. Cambiar de escenario
En ocasiones, ni ellos mismos sabrán cómo terminar con su propia pataleta. Es beneficioso cambiar de lugar: salir con ellos en brazos del espacio en el que se encuentran e ir a otro más abierto. A la vez el paseo puede distraer su atención y hacer que se centre en otra cosa.

9. Así no se habla
Hay que advertirle de que solo le escucharemos cuando hable en un tono normal, sin gritos ni llantos, porque de otra forma es imposible entenderle. Es una buena técnica explicarle que cuando llora así nadie puede escucharle, por lo que no sabemos lo que quiere.


10. Dejar que se calme solo
Los niños también tienen derecho a desahogarse, por lo que a veces es incluso positivo que pasen por una rabieta. Cuando está inmerso en un ataque de furia, se le puede decir: «Pues sí que estás enfadado, avísame cuando se te pase», y acto seguido alejarse un poco de él. Será consciente de que nos preocupamos por lo que le pasa y de que no conseguirá nada poniéndose así.